viernes, mayo 25, 2012

Shakespeare cogió su fusil

El Séptimo Arte adora a William Shakespeare.

Pero “un sentimiento moderado revela amor profundo, en tanto que si es excesivo revela falta de sensatez”1, y el cine desea tanto a Shakesperare y de un modo tan enfermizo que en numerosas ocasiones se ha enfrentado al legado del dramaturgo simplemente para vulnerarlo, como Sexto Tarquino a la sumisa Lucrecia, de todas las formas imaginables. A lo largo de los años hemos asistido a tantas recreaciones cinematográficas notables de las piezas teatrales del genio de Stratford-upon-Avon como impensables crímenes contra su leyenda. Incluso la biografía del escritor ha sido abordada desde frentes tan diversos como la comedia romántica, el thriller de conspiraciones históricas y hasta el crossover entre celebridades de la pluma y el papel. La maleabilidad de las fuentes literarias ha permitido revisiones insospechadas de los textos del bardo inglés, y echando la vista atrás uno puede recordar a un Hamlet ataviado con un chullo peruano declinando su célebre “ser o no ser” en los pasillos de un vídeoclub, a Othello convertido en estrella adolescente del baloncesto, a Ricardo III despidiendo al “invierno de nuestro descontento” en una Inglaterra pre-II Guerra Mundial y a Romeo Montesco como gnomo de jardín o vistiendo una camisa hawaiana y armado con dos pistolas semiautomáticas sobre las soleadas dunas de Verona Beach. Algunas versiones han sido afortunadas, algunas nocivas, otras insólitas y unas pocas simplemente inevitables. A mí, lo reconozco, siempre me ha gustado ésta en concreto, pero lo cierto es que “el éxito de un chiste depende más del que lo escucha que del que lo hace”2.


El último gran descontextualizador (no sé si existe esa palabra, ni me importa) de la obra de Shakespeare ha sido el conocido y premiado actor Ralph Fiennes, decidido a debutar como director de largometrajes con una adaptación de la tragedia de “Coriolano” todavía inédita por estos pagos (lo cual, por supuesto, nunca ha sido impedimento para que el espectador realmente interesado acabe haciéndose con una copia digital de legalidad imprecisa en versión original subtitulada).

Siguiendo los pasos de Kenneth Branagh, Baz Lurhmann o Julie Taymor (a quien la crítica jamás perdonará su visión postmoderna y pasada de vueltas de “Tito Andrónico”, pues “la libertad desenfrenada se castiga con la desventura”3), el guionista John Logan opta en “Coriolanus” por mantener el texto original (recortado y reestructurado) aplicándolo a un escenario muy distinto del propuesto inicialmente por Shakespeare. Ahora el general Cayo Marcio combate contra el ejército volsco por la gloria de Roma en una guerra del siglo XXI que recuerda más en su puesta en escena al “Black Hawk derribado” de Ridley Scott (con innegables connotaciones balcánicas) que a aquella República romana retratada por Mankiewicz en su “Julio César”.


Si bien “toda cosa corregida no es más que remendada”4, el cambio de contexto choca brutalmente con el actual clima de indignación popular (el movimiento 15-M y todas sus manifestaciones aledañas) que se percibe en buena parte de las ¿democracias? occidentales. La imagen que Shakespeare ofrece del pueblo llano en “Coriolano” es la de una masa despersonalizada (bajo la influencia de abyectos agitadores) que cambia de opinión con la misma facilidad con que gira una veleta. Presentarlos en la película como una furibunda turba salida de una movilización contra el G-20 no parece, dadas las circunstancias, una decisión especialmente popular. Frente a ellos, Cayo Marcio se erige como un hombre de principios inamovibles incapaz de ceder al protocolo y a la sumisión a la voluntad del pueblo que los patricios, la casta política dominante, requieren de él. Con la opinión pública y parte de la Curia posicionadas en su contra, el laureado héroe de guerra se verá de pronto acusado de traición y desterrado de la ciudad que juró proteger. En su exilio, encontrará una razón para seguir viviendo en el deseo de venganza contra quienes lo desposeyeron de su honor y de su puesto como cónsul, y aliándose con su antiguo enemigo Tulo Aufidio conducirá al ejército volsco hasta las mismas puertas de Roma con la intención de reducirla a cenizas.


Más allá de la admiración que pueda suscitar el texto shakespeariano, la gran virtud de “Coriolanus” reside en su espectacular reparto. Como no podía ser de otro modo, Fiennes se reserva para sí el rol principal y compone un Cayo Marcio Coriolano violento e impulsivo, con un lado oscuro siempre a flor de piel que se refleja en el gesto atormentado del actor que en el pasado dio vida al Untersturmführer Amon Goeth y al desnarizado Lord Voldemort.


Las palabras suenan bien cuando el que las pronuncia place al que las escucha”5, y tener simultáneamente en pantalla a dos veteranos de la interpretación como Vanessa Redgrave (dando vida a Volumnia, la autoritaria madre del protagonista) y Brian Cox (encarnando al patricio Menenius) es un lujo para cualquier realizador debutante. Ambos se comen la pantalla con sus respectivas aportaciones al film, y ponen la nota más alta de un elenco excepcional. La omnipresente Jessica Chastain, que en los últimos meses ha pasado de ser una auténtica desconocida a estar en “Criadas y señoras”, “La deuda”, “Take Shelter” y hasta en la sopa primigenia de Terrence Malick, se muestra aquí tan sólida como de costumbre (pese a la brevedad de sus intervenciones) interpretando a la devota esposa del protagonista, Virgilia. Sólo Gerard Butler rebaja el nivel interpretativo de forma evidente con su unidimensional caracterización del general volsco Tulo Aufidio. Es innegable que el escocés posee un cierto carisma que le beneficia a la hora de conseguir papeles que le vienen grandes, pero sus escasos recursos expresivos apenas le permiten establecer diferencias sustanciales entre un icono shakespeariano y un Leónidas cualquiera.


No obstante, el gran tropiezo de “Coriolanus” se encuentra en la insípida labor de dirección ejercida por Ralph Fiennes. Su discreta corrección al planificar las recurrentes secuencias de diálogos y soliloquios (Shakespeare es Shakespeare) se da de bruces con su incapacidad para plasmar con claridad las contadas escenas de acción que tienen lugar en los primeros compases del film. Lo cual es una auténtica pena, porque las notables labores de fotografía y de puesta en escena sin duda habrían merecido un tratamiento narrativo mucho más sofisticado.


El orgullo echa a perder al hombre favorecido por el éxito”6, y tal vez a Fiennes le hubiese ido mejor de comenzar su trayectoria como realizador con un proyecto algo más humilde. Estrenarse en la gran pantalla con una adaptación de una tragedia de William Shakespeare es un reto para el que pocos directores noveles se encuentran preparados. “Para escalar las colinas elevadas, conviene caminar despacio al principio”7 . Por suerte, cuando las escenas se resuelven en las distancias cortas y son los actores quienes se hacen cargo del peso de la narración, la película reflota gracias a la potencia genuina del libreto original y al excelso trabajo de los intérpretes que la protagonizan. Al fin y al cabo, “una vez que se disipan las nubes, dejan pasar los más bellos rayos”8 .

Quizás ésa sea la más certera demostración del incuestionable talento del dramaturgo más laureado de la literatura universal. “El resto”, ya sabéis, “es silencio”9.



1. “Romeo y Julieta” (1595).
2. “Trabajos de amor perdidos” (1595).
3. “La comedia de las equivocaciones” (1593).
4. “Noche de Reyes” (1601).
5. “Como gustéis” (1599).
6, “Coriolano” (1608).
7. “Enrique VIII” (1613).
8. “A buen fin no hay mal principio” (1602).
9. “Hamlet” (1601).

miércoles, mayo 23, 2012

Venimos en son de paz

En lo que respecta a Sigur Rós, el mundo se divide entre los que opinan que su música es tan soporífera como un banco de ballenas emitiendo cánticos de apareamiento a cien metros de profundidad oceánica y los que sostienen que su música despierta la fascinación genuina de un banco de ballenas emitiendo cánticos de apareamiento a cien metros de profundidad oceánica: todo depende de la capacidad que uno tenga para maravillarse, para dejarse arrastrar por la belleza escurridiza de lo atávico, de lo primigenio. Porque lo que hace Sigur Rós apenas responde a los estándares habituales de lo que conocemos como música pop (en su acepción más amplia), y cada álbum publicado por la banda islandesa tiene más de experiencia sonora, con sus correspondientes dosis de emoción y sinestesia, que de simple catálogo de canciones.


De hecho, hay pocas melodías fácilmente aprehensibles en “Valtari”, sexto trabajo de estudio de la formación compuesta por Jón Þór Birgisson (alias Jónsi), Georg Hólm, Kjartan Sveinsson y Orri Páll Dýrason. El nuevo disco, que oficialmente sale a la venta el próximo lunes (aunque ya lleva unos días pudiendo ser escuchado en streaming en distintas webs y varias semanas circulando por internet de forma oficiosa), se sumerge en una sosegada atmósfera alejada de las rutilantes canciones (aquéllas sí lo eran) del precedente Með suð í eyrum við spilum endalaust” (“el impronunciable”, como yo lo llamo cariñosamente). Tampoco hay rastro de los flirteos del vocalista Jónsi con el pop convencional en su estupendo debut en solitario, “Go”. Las únicas estructuras musicales reconocibles aparecen en momentos más o menos puntuales como el crescendo épico de la imponente "Varúð

". El resto, otros siete cortes que emanan “sense of wonder” por los cuatro costados, funciona más como un diapasón que vibra emitiendo paz espiritual.

A esta idealización musical se llega mediante una producción sublime, con capas de voces e instrumentación (orgánica y electrónica) que se superponen generando lo que bien pudiera ser una señal alienígena (las letras en islandés ayudan, claro) que verificase el mensaje de “venimos en son de paz”.


Y es que, puestos a definir las emociones que “Valtari” genera en el telencéfalo del abajo firmante, lo más parecido a una descripción razonable (por abstracta que pueda parecer) sería decir que el último trabajo de Sigur Rós reproduce el sonido etéreo de los cuerpos celestes al desplazarse por el vacío cósmico, el sueño REM de un bebé no nato reposando en el interior del útero materno o el arco eléctrico de una sinapsis en el cerebro de Stendhal durante su visita a la ciudad de Florencia en 1817.

Afirmaba el escritor francés que "ir sin amor por la vida es como ir al combate sin música". En ese caso, “Valtari” es el arrullo que nos otorga valor y fuerzas para acudir cada mañana a nuestra interminable batalla contra la insoportable levedad del ser.

lunes, mayo 21, 2012

Colaboración con ECC Ediciones: "Leyendas del Universo DC: Neil Gaiman"

Esta mañana ECC Ediciones ha anunciado sus novedades para el mes de junio, entre las que destaca el tomo “Leyendas del Universo DC: Neil Gaiman”. Los tres textos teóricos incluidos en el volumen (un prólogo, un epílogo y una referencia biográfica de sus distintos autores) han sido redactados por un servidor, iniciándose así una colaboración con la editorial que desde enero de 2012 ostenta los derechos de publicación en castellano de los tebeos de DC Comics. Por supuesto, de los futuros pormenores de esta colaboración os iré informando puntualmente a medida que las fechas de lanzamiento de nuevos títulos y demás detalles relevantes vayan haciéndose oficiales.


“Leyendas del Universo DC: Neil Gaiman” sale a la venta el próximo 22 de junio e incluye los comics “Whatever happened to de Caped Crusader?”, “Solo” núm. 8, “Wednesday Comics 2010 Series – Metamorpho”, “Batman: Black & White” núm. 8 y “Green Lantern/Superman: Legend of the Green Flame”.

viernes, mayo 18, 2012

Carta de suicidio de un melómano atormentado

(La siguiente nota fue hallada junto al cuerpo sin vida del conocido ociópata Monsieur Pinetree -un espantoso amasijo de sangre, hueso y vísceras en el momento en que una de las muchachas del servicio encontró el cadáver en el interior de su cámara de música-. La reproducimos aquí de forma íntegra, pues tal es la disposición que se deduce de sus últimas voluntades)


Estimado lector:

Déjeme aclararle, antes de nada, que no temo a la parca, y que por ello he decidido abrazarla alegremente para que me libre de vagar por este pesaroso mundo con la vergüenza de haber cometido tamaño crimen contra todo lo que en otro tiempo consideré sagrado. “La muerte es hermosa y amiga nuestra; sin embargo, no la reconocemos porque se nos presenta enmascarada, y su máscara nos espanta”, escribió Chateaubriand en sus memorias, y ahora que vislumbro esa terrible máscara frente a mí, no puedo más que sentir sosiego y gratitud. La culpa de mi hondo pesar (y el motivo de mi temprana defunción por mi propia mano) la tiene un caballero llamado Rufus Wainwright. O tal vez sea yo el único culpable, pues es mi pecado la herejía y mi acto de expiación el suicidio. Me explicaré.


Decir que Monsieur Wainwright es uno de tus músicos favoritos otorga cierto charme entre los melómanos más exquisitos que acuden a las reuniones de sociedad en los más prestigiosos salones de la capital. Significa que uno es un tipo sensible, gay-friendly, que sabe apreciar la frívola luminosidad de una desvergonzada tonada al piano al tiempo que valora en su justa medida la excelsa introspección de una interpretación digna del más exigente examen de conservatorio. La música de Rufus Wainwright podría ser una perfecta banda sonora para cualquier pieza teatral escrita por mi buen amigo Oscar, por ejemplo.

En mi despreocupada inocencia, yo creía que Wainwright era uno de mis músicos favoritos y me vanagloriaba de ello. Cuando lo mencionaba en los salones, el connoisseur atento a mis palabras (ciudadanos tan respetados en el estudio melódico como el Barón Nadir, el Vizconde de Tenenbaum o la Duquesa Aimantée) me miraba dibujando en su semblante un gesto cortés, como si inmediatamente reconociese en mí a un igual. El lego en la materia adquiría la clásica expresión que viene a decir “oh, buen dios, no sé de qué o quién estamos hablando, pero con todas esas w's en su apellido debe ser algo digno de alabanzas”. Sumándole a este aprecio hacia Rufus mi conocida debilidad por las obras de Lord Stevens, Lady Hegarty y del libertino Capitán Wolf, no cabía duda de que un servidor formaba parte de esa selecta minoría afiliada a la música de la “Liga de los Invertidos Extraordinarios” (casi puedo oír el látigo de la ortodoxia restallando sobre mi cabeza y acusándome de homofobia por este último comentario... pero, ¿qué me importa?, el escarnio es para los vivos).


Así pues, un servidor se encontraba en una inmejorable posición de fama y reconocimiento social. O, como he escuchado decir a la infanta Marguerite en tantas ocasiones: yo molaba.

Pero, siendo honesto, debo confesar que creía que Rufus Wainwright era uno de mis músicos favoritos cuando, en realidad, no lo era. Fui consciente de esta terrible revelación hace unos días, escuchando en mi iGramófono la nueva opus del neoyorkino, que responde al título de “Out of the game” (“Dehors du jeu”, para quien prefiera una franca traducción). Tras un tibio primer acercamiento, me decidí a reproducirlo tantas veces como hiciese falta hasta que acabase contagiándome de su excéntrica jovialidad. “Es lo que tienen los genios”, me decía, “que uno siempre tarda en aprender a apreciarlos”. A medida que las estériles escuchas se sucedían, recordaba no sin cierto desagrado cómo en el pasado ya me había visto en situaciones semejantes frente a anteriores trabajos del norteamericano como “Release the stars” o “All days are nights: songs for Lulu”, o cómo me había sentido obligado a glosar en público las virtudes del directo de Wainwright, negándome a reconocer (ante los demás y ante mí mismo) que la primera mitad del recital al que asistí hace dos años exactos me resultó considerablemente adormecedora.


Temiendo ser expulsado de ese selecto club de amantes de la música fascinados por Monsieur Wainwright, insistí hasta la saciedad en la audición de los 12 cortes que conforman “Out of the game” hasta que pude cantarlos al derecho y al revés (y aún en latín y esperanto) como si yo mismo los hubiese compuesto. Si no podía disfrutar realmente con la nueva obra de Wainwright, al menos me empaparía tanto de ella como fuese posible para que los otros miembros de nuestra logia rufusiana jamás sospechasen lo evidente: que lejos de parecerme un mal trabajo (más bien al contrario, lo considero un álbum francamente meritorio), “Out of the game” me aburre.

¡Oh, maldita sea mi alma impía, cuánto me aburre!

Advertido de mi propia felonía, de este falaz proceder que vengo manteniendo en las últimas jornadas en todo lo que atañe al que otrora considerase uno de mis creadores musicales de referencia, en morbosos sueños rememoro decepciones pasadas y me despierto en plena noche aterrado por el convencimiento, tan evidente ahora, de que sólo hubo dos títulos a Rufus debidos, “Want one” y “Want two”, que realmente elevasen mi espíritu hasta esa idolatría que el resto de mis camaradas todavía parece profesar con el más sincero de los ánimos.


Perseguido por mi propia vergüenza, sabiéndome un infiel entre auténticos devotos del maestro, decidí aliviar este insoportable peso sobre mi conciencia del único modo digno que he logrado vislumbrar. Con firme disposición he adquirido en la iTienda un veneno musical de repugnante celebridad entre la liga de asesinos: la dosis más ínfima es irremediablemente letal, y a los delirios iniciales que comienzan tras su deglución le siguen unas violentas convulsiones en cadera y columna vertebral que terminan por desvencijar la osamenta del infeliz que lo haya ingerido. Ya empiezo a sentir cómo mi entendimiento se confunde y dale y las palabras se colapsan en un torrente de verborrea sin sentido porque ella quiere su rumba.

Dejo constancia en esta epístola fatal de mi suicidio y de mis razones para acometerlo, para que así ninguno de mis allegados dude en el futuro de mi integridad y mi compromiso con la honradez musical, y me despido ya tu sabeh dedicándole al mesías gay mis últimos pensamientos: adiós Rufus, adiós fontes, adiós regatos pequenos...

Suyo afectísimo, en la vida y en la muerte,
Hieronymus Pinetree, Caballero de Cydonia y siervo leal de su Majestad la Reina Bulsara.


Post Scriptum: Muero en 1, 2, 3, 4.

jueves, mayo 17, 2012

Esta entrada no habla de política

Como ya sabrá quien acuda regularmente a perder su tiempo entre las trapalladas que escribe un servidor, en El Abismo no se habla de política. No demasiado, al menos. Este blog trata sobre cosas tan tontas y maravillosas como la música, los tebeos, el cine y la literatura, y dada su naturaleza ociopática y ligera, prefiere rehuir cualquier pronunciamiento excesivamente solemne sobre materias tan densas y polémicas como el futuro de la euromoneda o las cuestionables medidas del actual saneamiento económico nacional. Qué rollo.

A mí lo que me gusta de verdad es hablar de películas. Por eso estoy tan contento con el hecho de que en el número de este mes de la revista Cinemanía se hayan decidido a publicar (redoble de tambores) una lista con “las 200 mejores películas de todos los tiempos”. Porque ellos lo valen. Y "porque sí, porque sí, porque sí, porque en esta vida no quiero pasarme ni un día entero sin ti". Así que los señores y señoras de Cinemanía abren vías de comunicación con sus lectores y les invitan a que voten, junto a los propios críticos en plantilla de la publicación y una serie de celebridades de contrastado y riguroso criterio cinematográfico (y de cualquier tipo, por descontado) como Bebe o Mario Vaquerizo, y elaboran atendiendo a los gustos de muestra tan dispar un listado que se presume (en palabras de la propia revista) “definitivo”.


Como no soy tan cruel como para obligaros a comprar la revista para conocer el resultado de las votaciones, aquí os dejo las que son, según la gente de Cinemanía, sus amiguetes famosos y los lectores de la publicación, las 200 mejores películas de todos los tiempos:

200. Sed de mal (1958)
199. El hombre elefante (1980)
198. Río bravo (1959)
197. El maquinista de la general (1926)
196. Ladrón de bicicletas (1948)
195. La quimera del oro (1925)
194. La fiera de mi niña (1938)
193. El ángel exterminador (1962)
192. Sopa de ganso (1933)
191. Amanece que no es poco (1989)
190. 300 (2006)
189. El mago de Oz (1939)
188. Volver (2006)
187. Deseando amar (2000)
186. Los intocables (1987)
185. Amadeus (1984)
184. Hasta que llegó su hora (1968)
183. Bailar en la oscuridad (2000)
182. Mary Poppins (1964)
181. Barry Lyndon (1975)
180. El árbol de la vida (2011)
179. Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)
178. Déjame entrar (2008)
177. El guateque (1968)
176. [REC] (2007)
175. Sin City (2005)
174. La princesa prometida (1987)
173. Zodiac (2007)
172. Los santos inocentes (1984)
171. Harry Potter y las reliquias de la muerte 2 (2011)
170. Jungla de cristal (1988)
169. Drácula de Bram Stoker (1992)
168. West Side Story (1961)
167. Lawrence de Arabia (1962)
166. La delgada línea roja (1998)
165. Viridiana (1961)
164. Orgullo y prejuicio (2005)
163. La semilla del diablo (1968)
162. Encadenados (1946)
161. ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964)
160. Kramer contra Kramer (1979)
159. El show de Truman (1998)
158. El laberinto del Fauno (2006)
157. Atrapado en el tiempo (1993)
156. (500) días juntos (2009)
155. Watchmen (2009)
154. La noche del cazador (1955)
153. Donnie Darko (2001)
152. Scream (1996)
151. Midnight in Paris (2011)
150. Ser o no ser (1942)
149. Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
148. Love Actually (2003)
147. Memorias de África (1985)
146. Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra (2003)
145. Historias de Filadelfia (1940)
144. En el nombre del padre (1993)
143. Perdición (1944)
142. Testigo de cargo (1957)
141. La palabra (1955)
140. Pequeña Miss Sunshine (2006)
139. Tesis (1996)
138. Los puentes de Madison (1995)
137. Senderos de gloria (1957)
136. Super 8 (2011)
135. Plácido (1961)
134. Todo sobre mi madre (1999)
133. Una noche en la ópera (1935)
132. Grupo salvaje (1969)
131. Rocky (1976)
130. Pesadilla antes de Navidad (1993)
129. La bella y la bestia (1991)
128. Amanecer (1927)
127. Metrópolis (1927)
126. La gran evasión (1963)
125. Sospechosos habituales (1995)
124. Los 400 golpes (1959)
123. Aliens (1986)
122. El exorcista (1973)
121. Fargo (1996)
120. El tercer hombre (1949)
119. El viaje de Chihiro (2001)
118. Los siete samuráis (1954)
117. Snatch, cerdos y diamantes (2000)
116. El retorno del Jedi (1983)
115. Magnolia (1999)
114. Luces en la ciudad (1931)
113. La red social (2010)
112. Las dos torres (2002)
111. El cazador (1978)
110. Indiana Jones y la última cruzada (1989)
109. La chaqueta metálica (1987)
108. El club de los poetas muertos (1989)
107. Réquiem por un sueño (1999)
106. Terminator 2 (1991)
105. Grease (1978)
104. Toro salvaje (1980)
103. Old Boy (2003)
102. Lost in Translation (2003)
101. Tiburón (1975)
100. Match Point (2005)
99. Rebeca (1940)
98. Brokeback Mountain (2005)
97. Los Goonies (1985)
96. El hombre que mató a Liberty Valance (1962)
95. Érase una vez en América (1984)
94. Ben-Hur (1959)
93. Manhattan (1979)
92. El verdugo (1963)
91. El hombre tranquilo (1952)
90. Gran Torino (2008)
89. V de Vendetta (2005)
88. Kill Bill Vol. 2 (2004)
87. Eva al desnudo (1950)
86. Mystic River (2003)
85. El gran Lebowski (1998)
84. The Artist (2011)
83. Ciudad de Dios (2002)
82. Casino (1995)
81. Con la muerte en los talones (1959)
80. ¡Olvídate de mí! (2004)
79. American History X (1998)
78. El pianista (2002)
77. ¡Qué bello es vivir! (1946)
76. Parque Jurásico (1993)
75. Cisne negro (2010)
74. La ventana indiscreta (1954)
73. El bueno, el feo y el malo (1966)
72. Centauros del desierto (1956)
71. Matar a un ruiseñor (1962)
70. Desayuno con diamantes (1961)
69. Eduardo Manostijeras (1990)
68. Infiltrados (2006)
67. American Beauty (1999)
66. Memento (2000)
65. Wall-E (2008)
64. Alguien voló sobre el nido del cuco (1975)
63. Trainspotting (1996)
62. Braveheart (1995)
61. Malditos bastardos (2009)
60. La vida de Brian (1979)
59. El golpe (1973)
58. Avatar (2009)
57. Doce hombres sin piedad (1957)
56. En busca del arca perdida (1981)
55. El crepúsculo de los dioses (1950)
54. Moulin Rouge (2001)
53. Toy Story (1995)
52. Alien, el octavo pasajero (1979)
51. El silencio de los corderos (1991)
50. El precio del poder (1983)
49. Salvar al soldado Ryan (1998)
48. Toy Story 3 (2002)
47. E.T., el extraterrestre (1982)
46. Amélie (2001)
45. Scott Pilgrim contra el mundo (2010)
44. Reservoir Dogs (1992)
43. Cinema Paradiso (1988)
42. Sin perdón (1992)
41. Vértigo (1958)
40. El rey león (1994)
39. Up (2009)
38. 2001: Una odisea en el espacio (1968)
37. Matrix (1999)
36. Kill Bill, Vol. 1 (2003)
35. Cantando bajo la lluvia (1952)
34. Big fish (2003)
33. Million Dollar Baby (2004)
32. El gran dictador (1940)
31. Titanic (1997)
30. Taxi Driver (1976)
29. Regreso al futuro (1985)
28. Annie Hall (1977)
27. Apocalypse Now (1979)
26. Seven (1995)
25. El resplandor (1980)
24. Gladiator (2000)
23. Ciudadano Kane (1941)
22. Con faldas y a lo loco (1959)
21. Lo que el viento se llevó (1939)
20. Psicosis (1960)
19. Drive (2011)
18. El apartamento (1960)
17. Forrest Gump (1994)
16. Blade Runner (1982)
15. Origen (2010)
14. La comunidad del anillo (2001)
13. La naranja mecánica (1971)
12. Star Wars (1977)
11. Uno de los nuestros (1990)
10. Cadena perpetua (1994)
9. El club de la lucha (1999)
8. La lista de Schindler (1993)
7. Casablanca (1942)
6. El imperio contraataca (1980)
5. El Padrino II (1974)
4. El retorno del rey (2003)
3. Pulp Fiction (1994)
2. El caballero oscuro (2008)
1. El padrino (1972)


Una lista bien hermosa, desde luego. Digna de una votación democrática.

Sin embargo, si uno fuese un poco malpensado, a la altura del puesto 190 (cuando descubre a “300” de Zack Snyder por encima de títulos como “Sed de mal” de Orson Welles o “Río Bravo” de Howard Hawks) podría preguntarse si no habrá ocurrido algún tipo de extraña incidencia a la hora del recuento de votos. No estaría de más comprobarlo, no sea que haya sucedido algo parecido a lo del estado de Florida en el año 2000. Bien pensado, esas cosas no pasarían nunca en una revista tan seria y del Primer Mundo como Cinemanía, ¿verdad?

14 entradas más abajo (o arriba, dado que la lista va del 200 al 1) aparece “[REC]” de Jaume Balagueró y Paco Plaza, ubicada en mejor posición que “Barry Lyndon”, “Hasta que llegó” su hora y “Los Intocables” (Kubrick, Leone y De Palma, respectivamente), y mi ceja se arquea de un modo involuntario. “Es una lista hecha en España, me digo: normal que se barra para casa... Si es que lo lógico es votar a los tuyos, a los que llevas votando toda la vida, y aún tu padre antes que tú, que al fin y al cabo fue él quien te llevó al cine a ver esa película tiempo atrás”.

Sigo bajando peldaños y me encuentro títulos como “Watchmen” (Zack Snyder de nuevo) por encima de “Lawrence de Arabia” (David Lean) y “Los santos inocentes” (Mario Camus), “Scream” (Wes Craven) en mejor posición que “La noche del cazador” (Charles Laughton), “Snatch. Cerdos y diamantes” (Guy Ritchie) sobre “Los Siete Samurais” (Akira Kurosawa), “La gran evasión” (John Sturges) y “Grupo salvaje” (Sam Peckinpah). Me siento tentado a disculpar estos resultados alegando que los votantes son, obviamente, gente joven que no ha visto demasiado cine anterior a 1990. Es lo que tiene no haber vivido otras épocas, claro, que todo nos suena a batallitas de abuelo, a películas censuradas por Iglesia y Estado y argumentos alterados en la sala de doblaje para no incitar al espectador altamente influenciable a pensamientos indecorosos (o peor aún, anti-sistema). Por suerte todo eso es cosa del pasado y, gracias a las libertades ganadas en los últimos tiempos, los grandes estudios jamás pretenderán inculcarnos las apolilladas ideas de antaño. Qué bueno saber que jamás volveremos al blanco y negro, ¿verdad? Pero luego discurro que yo en 1990 tenía 7 años y que eso no es impedimento para que comprenda sin ningún género de dudas que una película como “Scott Pilgrim” (puesto 45) jamás debería quedar por delante de “La vida de Brian” (60), “Centauros del desierto” (72), “La ventana indiscreta” (74), “El gran Lebowski” (85), “Eva al desnudo” (87), “Manhattan” (93), “Érase una vez en América” (95), “Toro salvaje” (104) o “El cazador” (111). No hace falta haber vivido un momento histórico concreto para ser consciente de su importancia: a veces llega sólo con ver más películas que las estrenadas el verano pasado o hace dos, y comprender, por ejemplo, que el fotograma subliminal de un pene a toda pantalla que aparece al final de "El club de la lucha" de David Fincher (puesto 9) ya estaba presente al comienzo de "Persona" de Ingmar Bergman (no la busquéis, no está en la lista).

La primera cincuentena de puestos ya es una auténtica antología del disparate, con cintas como “Matrix” (37) sobre “2001” (38), “Titanic” (31) sobre “El gran dictador” (32), “Gladiator” (24) sobre “Apocalypse Now” (27), “Drive” (19) sobre “Con faldas y a lo loco” (22), “Origen” (19) sobre “Blade Runner” (20) o, la gran broma final (que diría Nacho Vegas), “El caballero oscuro” (2) (una película que me gusta muchísimo, pero... ¡venga ya!) por encima de tantas de las citadas o, peor aún, de tantas de las ausentes. Ni siquiera el hecho de que “El Padrino”, una de mis películas preferidas de todos los tiempos (observad cómo “preferidas” no implica necesariamente ese “mejores” del que se vanagloria la lista de “Cinemanía”), aparezca en la primera posición me reconcilia con este ejercicio de democracia pura y dura que pone de manifiesto que, si bien todos tenemos una opinión plenamente respetable en cuanto al gusto particular, ésta no tiene por qué ser necesariamente la más acertada en cuanto a una "utilidad universal".

Me diréis ahora que estoy pecando de lo mismo que denuncio, claro. Que es mi juicio prepotente el que establece que “Sin City” (puesto 175) no puede ser mejor que “La quimera del oro” (195). Pero seamos honestos: elegir a Robert Rodríguez (cualquier Robert Rodríguez) antes que a Charles Chaplin (cualquier Charles Chaplin) sería casi tan absurdo como votar en las elecciones autonómicas o nacionales a...

domingo, mayo 13, 2012

Muerto y enterrado

"Those freaks were right when they said you were dead"

("How do you sleep?", de John Lennon)


Según una de las muchas leyendas urbanas que pueblan la mitología que rodea a los Beatles, Paul McCartney murió en 1966 y fue sustituido por un dopplegänger que habría proseguido con la carrera musical del difunto sin que el público llegase a percatarse del cambiazo. La anécdota resulta difícil de creer y cae por definición en el pozo de las improbables teorías de la conspiración pensadas para alimentar la imaginación de individuos como Iker Jiménez o Grant Morrison. Sin embargo, si alguien me dijese con total convicción que el director Tim Burton murió en el año 2000 y que desde entonces un infame suplantador ha venido firmando las películas supuestamente debidas al realizador de joyas como "Ed Wood" o "Sleepy Hollow", yo le creería.


Un nuevo alegato a favor de esta teoría de la usurpación la tenemos en el reciente film atribuido al gótico californiano por excelencia: "Sombras tenebrosas". La cinta, que adapta a la gran pantalla una teleserie homónima emitida en EE.UU. entre 1966 y 1971, narra las andanzas de un vampiro del siglo XVIII llamado Barnabas Collins que, maldito por una bruja despechada, se pasa doscientos años enterrado en un ataúd hasta que una cuadrilla de obreros encuentra su féretro por casualidad y lo devuelve a la vida en plena década de 1970. Fascinado y aterrado por los avances tecnológicos y sociales del mundo moderno, Barnabas se encontrará con sus herederos en la vieja mansión donde una vez vivió como un ser humano, descubriendo que los últimos Collins son un clan disfuncional que a duras penas consigue mantener a flote el negocio pesquero familiar.


Fiel al libro de estilo burtoniano, "Sombras tenebrosas" viene de serie con todas las manías, filias y tics del responsable de títulos como "Charlie y la Fábrica de Chocolate" y "Alicia en el País de las Maravillas" pero, por desgracia, con ninguna de las virtudes que uno podía encontrar en films como "Bitelchus" o "Eduardo Manostijeras". Tenemos, una vez más, a un Johnny Depp que acapara metros de celuloide componiendo el clásico personaje histriónico que ya ha convertido en su sello de identidad actoral; también un acompañamiento musical a cargo de Danny Elfman que en esta ocasión palidece al lado de canciones célebres de la época en que transcurre la trama; una paleta cromática que conjuga los tonos verdes y rojizos de "Sweeney Todd" con el caleidoscopio lisérgico que los 70's más hippiosos toman prestado del País de las Maravillas de la Disney; un gusto excesivo por el maquillaje disparado a bocajarro con la escopeta patentada de Homer Simpson...

...abreviando: la no-tan-secreta fórmula de Tim Burton.


Y eso es, me temo, todo lo que uno puede encontrar del viejo Tim (el que tal vez muriese en el año 2000 o tal vez no) en esta película que, por lo demás, sólo ofrece un puñado de vergonzantes intentos humorísticos alejados del hilarante surrealismo de "Mars Attacks!", una anoréxica descripción de personajes que nada tiene que ver con los caracteres bien trazados de la peculiar familia protagonista de "Bitelchus" y una puesta en escena hortera y casi-casi telefílmica a años luz del delicioso acabado visual de "Sleepy Hollow".


No ayuda tampoco que un (teórico) gran reparto que incluye nombres como los de Michelle Pfeiffer (inolvidable Catwoman en "Batman vuelve", al menos hasta que Christopher Nolan diga lo contrario), Chlöe Grace Moretz (la Hit-Girl de "Kick-Ass", que mejora con los años al igual que un buen caldo) o Eva Green (musa personal del abajo firmante desde que la descubriese en la estupenda "Soñadores" de Bernardo Bertolucci) se malogre por la contaminación de un libreto repetitivo y absurdo que impide al elenco actoral ofrecer un resultado que supere la más olvidable de las mediocridades.


Resulta, en fin, que "Sombras tenebrosas" compite con "El planeta de los simios" por el puesto de "peor película jamás filmada por un director llamado Tim Burton". Que ése sea el mismo Tim Burton que en los años 80 y 90 fascinó a toda una generación de cinéfilos con sus oscuras fantasías para grandes y pequeños es precisamente lo que me gustaría que Fox Mulder y Dana Scully (o Walter Bishop y Olivia Dunham, lo mismo me da) desmintiesen cuanto antes.

Yo personalmente dormiría más tranquilo sabiendo que, como todas mis sospechas sugieren, el auténtico Tim Burton lleva 12 años muerto y enterrado.

miércoles, mayo 09, 2012

Preestrenos: "Miss Bala"... y una pequeña despedida

Con la reseña de "Miss Bala" (que podéis leer siguiendo este enlace), película de Gerardo Naranjo que nos presenta un desolador panorama del México corrupto y violento de nuestros días, concluye (al menos por el momento) mi colaboración con el portal Nuestros Comics. Ha sido un año (exacto, o casi) de acudir a pases de prensa y ver mucho cine que de otro modo probablemente habría volado bajo mi radar. Un año, también, de escribir con cierta regularidad en una web que no es la mía propia, intentando dar lo mejor de mí mismo y ofreciendo una versión más seria y menos autorreferencial de mi devoción hacia el Séptimo Arte.


Sin embargo, la vida se mueve por ciclos y ahora nos toca a mí y a Pep emprender nuevas aventuras y perseguir objetivos inéditos. "Lo primero va antes", y en este momento mis prioridades personales me obligan a deshacerme de algunos de estos pequeños compromisos para poder cumplir con otros más acuciantes. Ha sido un placer escribir para Nuestros Comics y, si las circunstancias vuelven a permitirlo, será un placer volver a escribir para ellos en el futuro.

Hasta entonces aquí me tendréis, devolviendo miradas desde El Abismo...

sábado, mayo 05, 2012

Músculo y misterio

Es curioso que eso sea lo que queda al final, ¿no? Las tonterías. Ni “Guerra y paz” ni James Joyce. Sólo los comics y los superhéroes.”

"Flex Mentallo" #1, pág. 18

Portada de la reciente edición de lujo de “Flex Mentallo”.


De todas las novedades editoriales programadas para el Salón del Cómic que este fin de semana se está celebrando en Barcelona, sin duda la que más interés despertó en mí desde el momento de su anuncio ha sido “Flex Mentallo”, escrita por el lisérgico guionista escocés Grant Morrison e ilustrada por mi dibujante vivo favorito, Frank Quitely. Publicado originalmente en lengua inglesa en 1996 como miniserie de cuatro cuadernillos grapados, el tebeo es una suerte de spin-off protagonizado por un supuesto héroe olvidado de la Silver Age presentado en el número 35 de la etapa de Grant Morrison al frente de la "Doom Patrol". El origen del personaje, claramente inspirado en las páginas comerciales protagonizadas por el culturista Charles Atlas que aparecían en las revistas y tebeos norteamericanos desde finales de los años 20, motivó en 1998 un litigio entre los herederos de Atlas y la editorial DC Comics que congeló la andadura editorial del justiciero musculoso hasta que los jueces tomasen una decisión al respecto (impidiendo, por consiguiente, que el material jamás apareciese publicado en castellano hasta ahora).

Uno de los anuncios de Charles Atlas aparecidos durante décadas en revistas y comics norteamericanos.


Aunque DC ganó el caso en el año 2000, parece que uno de los alegatos más firmes a su favor fue, precisamente, su compromiso de no reeditar los tebeos protagonizados por Flex Mentallo para no lucrarse con lo que a todas luces era una parodia de los anuncios de Atlas. No obstante, resulta sospechoso que sí se reimprimiesen las páginas con el origen del personaje en el tomo recopilatorio correspondiente de la “Doom Patrol” editado en EE.UU. en 2006. La posibilidad de relanzar los cuatro números de “Flex Mentallo” en un formato unitario se convirtió desde entonces en una cuenta pendiente de DC Comics con sus lectores, dado que esos problemas legales que tantas trabas habían puesto al proceso de reedición se habían quedado aparentemente obsoletos1. Han tenido que pasar otros 6 años (16 en total desde que se publicó la miniserie original) para que Flex Mentallo, hombre de músculo y misterio, regresase a las librerías especializadas en una edición a la altura de las circunstancias. ¿O tal vez no?

Flex Mentallo, en la portada de un tomo recopilatorio de la “Doom Patrol” de Morrison.


Parece que la polémica no abandona al personaje, pues el tomo publicado por el sello Vertigo de DC Comics hace unas semanas (en la misma edición de lujo que ECC reproduce en lengua castellana, otorgando una prioridad absoluta a su publicación en España hasta el punto de hablar, casi, de una co-edición internacional) viene con un nuevo coloreado que se aleja del tono visual característicamente pop del original y que se aproxima bastante al trabajo cromático que ha acompañado al trazo de Frank Quitely en sus últimas obras. Pese a que las opiniones vertidas en internet sobre el asunto puedan ser objeto de un interesantísimo debate2, las declaraciones del propio Quitely parecen indicar que nunca llegó a estar contento con el color aplicado por Tom McCraw a sus páginas en 1996, y que lo que tenía en mente mientras las dibujaba estaba más próximo a su habitual paleta propia de colores (“bastante realista, creíble y no super-saturada”, en palabras del artista3). Sea como fuere, la edición actual de “Flex Mentallo” es la única que el lector podrá encontrar en lo sucesivo en las librerías, y es sobre ella sobre la que toca emitir ahora una valoración.

Color original VS. Color nuevo.


Estos cuatro números de “Flex Mentallo” funcionan de algún modo como un catálogo de las filias y obsesiones presentes en casi toda la producción tebeística de Grant Morrison: las teorías de la conspiración, los universos paralelos, los viajes en el tiempo, el metalenguaje, el sexo, las drogas y el rock'n'roll, los alienígenas verdes macrocefálicos salidos de la subcultura OVNI... todos aparecen en el tebeo sazonando una trama que sigue al justiciero musculoso en la búsqueda de una misteriosa sociedad terrorista llamada Factoría X que “destruye certezas y no objetos”. Paralelamente, la estrella de la música Wallace Sage intenta suicidarse atiborrándose a medicamentos, alcohol y toda clase de sustancias ilegales, circunstancia ésta que lo lleva a ver su percepción de la realidad alterada mientras agoniza en un sucio callejón.

La guía de escritura del tito Morrison.


Esta idea, que Morrison retomaría parcialmente en la reciente (y menos acertada) saga de “Joe el bárbaro” (donde era un niño diabético en plena crisis hipoglucémica quien viajaba a un universo ficticio poblado por sus héroes imaginarios), sirve al escocés para plantear una tesis sobre la influencia de la ficción super-heroica en nuestra concepción del mundo como lectores, al tiempo que le permite homenajear y reescribir en clave postmoderna algunos de los conceptos básicos del género.

Una fácil: ¿a que no adivináis a qué tebeo rinde homenaje esta portada?


Morrison, fiel a su ideario personal, riza el rizo hasta el paroxismo meta-ficcional como en tantas otras ocasiones (ahí tenemos “El Asco” o “Animal Man”), pero por suerte nunca termina de perderse (y de perder al lector, de paso) en su abracadabrante viaje a los más ignotos rincones de la imaginación pura. En ese sentido, “Flex Mentallo” supone uno de sus tebeos más redondos dentro de esa vertiente de su producción que más se escapa de una lógica narrativa convencional. Lo cual no significa, claro, que su habitual catarata de docenas de conceptos por página no sea un auténtico infierno para el dibujante de turno encargado de plasmarla sobre el papel. Si exceptuamos a Frank Quitely, por supuesto.

Morrison aprovecha cualquier diálogo para regalarnos un par de sus clásicos pensamientos outside the box.


Pareciera que hay equipos creativos destinados a entenderse desde un buen principio. Siendo “Flex Mentallo” la primera colaboración entre Morrison y Quitely, resulta fascinante comprobar cómo el segundo ha sabido entender desde la primera viñeta la retorcida lógica literaria del guionista. No me cabe ninguna duda de que Quitely es el artista perfecto (junto a J. H. Williams III, tal vez) para plasmar sobre el papel las complejas y descabelladas ideas del escritor de “Arkham Asylum” y “Los Siete Soldados de la Victoria”. De ahí, supongo, que sus posteriores colaboraciones (“JLA: Tierra 2”, “We3”, “All-Star Superman” o algunos arcos argumentales, sin duda los mejores, de “New X-Men” y “Batman y Robin”) se cuenten también entre los trabajos más atractivos de ambos creadores. La desbordante imaginación del chamán alopécico, habitualmente frenada sobre el papel por las limitaciones de otros ilustradores menos capacitados, adquiere en manos de Quitely una condición sinérgica arrolladora. El modo en que el dibujante plasma conceptos tan indescriptibles visualmente como una ruptura del espacio-tiempo, una colisión de realidades paralelas o la construcción de un universo de ficción del tamaño de un quark, manteniendo siempre la coherencia en la narración y deslumbrando con un aspecto estético de matrícula de honor es una tarea propia de un titán del lápiz y el pincel.

“Vamos, Grant, creía que esto iba a ser un auténtico reto”, ríe Quitely.


Por todo ello, “Flex Mentallo” se erige como un tebeo tan ambicioso como rocambolesco, tan absorbente desde el punto de vista narrativo como fascinante en su propuesta gráfica. Uno de los mejores trabajos hasta la fecha del incombustible tándem formado por Grant Morrison y Frank Quitely. Lo cual, hoy por hoy, equivale también a decir que es uno de los tebeos de superhéroes más sorprendentes y divertidos que uno puede echarse a los ojos. Sin duda la espera ha valido la pena.

Morrison visto por Quitely. ¿Quién de los dos es el verdadero genio?




1 En este artículo de la web CBR (en inglés) se puede encontrar una explicación más completa acerca del follón legal referente a los herederos de Charles Atlas y los problemas de reedición de “Flex Mentallo”.

2 La primera noticia que tuve sobre el recoloreado de “Flex Mentallo” proviene del blog vecino “El lector impaciente”. En esta entrada, PAblo planteaba una duda muy razonable sobre hasta qué punto es lícito aplicar un color totalmente distinto al original en un medio donde la paleta cromática aporta tantísimos matices a una obra.

3 Estas declaraciones pueden leerse (en inglés) en la entrevista concedida por Quitely a la web ComicBooked.

jueves, mayo 03, 2012

Preestrenos: "El hombre sin pasado"

Tras casi dos años de espera, mañana se estrena en los cines españoles "El hombre sin pasado", un modélico (aunque también arquetípico) thriller de acción surcoreano plagado de brutales secuencias de muerte y destrucción. Perfecta para una tarde tonta de primavera, vaya.


Podéis encontrar una reseña algo más extensa y razonada, además de una duda filosófica sobre el funcionamiento de las distribuidoras españolas de cine, siguiendo este enlace hasta la web Nuestros Comics.

martes, mayo 01, 2012

Bastien Vivès, en modo Russ Meyer

Para los que llevamos ya un tiempo siguiendo la trayectoria de Bastien Vivès como autor de comic (auteur, perdón, que el muchacho es galo), comprobar cómo la honda sensibilidad y el subyugante lirismo de obras previas (“El gusto del cloro”, “En mis ojos”) desaparecen para dejar paso a un cruel relato pornográfico en “Los melones de la ira” supone un auténtico shock.


Gestado en el seno (¡ja!) de la editorial independiente Les Requins Marteaux como parte de su colección BD Cul, en la que distintos autores de culto ofrecen su particular visión del sexo en viñetas, “Los melones de la ira” aparece ahora en nuestro país de la mano de Diábolo Ediciones, la editorial que hasta la fecha ha venido publicando la obra de Vivès en solitario en España. Comete Diábolo la imprudencia de ignorar el formato original de la publicación francesa y lanzar a la calle “Los melones de la ira” en similar edición al resto de obras traducidas de Vivès (tamaño comic-book, tapas duras), perdiéndose con el cambio las connotaciones underground, casi de Biblia de Tijuana, del material en su versión primigenia.


“Los melones de la ira” es una pequeña transgresión de los códigos habituales de un hábil guionista y deslumbrante dibujante que no pretende aquí sentar cátedra, sino explorar sin ataduras un género que hasta ahora sólo había rozado tangencialmente. Es cierto que “Amistad estrecha” contenía escenas de una sexualidad explícita, pero éstas respondían a una finalidad dramática que poco tenía que ver con la intención pornográfica del tebeo que nos ocupa. Tras un título que remite directamente a la novela de John Steinbeck “Las uvas de la ira” y una portada que homenajea al lienzo de Andrew Wyeth “El mundo de Christina”, Vivès indaga en la inocencia de una familia del medio rural cuya hija mayor, Magalie, posee unos pechos de tamaño descomunal. Aquejada de terribles dolores de espalda, y pese a la reticencia de un padre que desconfía de la gente de ciudad, la muchacha acabará buscando el consejo de la clase médica para encontrar una solución a su problema. Desconocedora de los protocolos sanitarios y burocráticos, Magalie será insistentemente violada, sin oponer resistencia, por cuanto doctor y político acabe cruzándose en su camino. Y serán unos cuantos.


Vivès repite en “Los melones de la ira” el trazo suelto y milagrosamente sintético con que ya había deslumbrado en “Polina”, logrando un aspecto gráfico sobresaliente para una obra que, sin embargo, deja bastante que desear en términos argumentales. Parece claro que el joven artista galo no pretende hacer de “Los melones de la ira” más que un divertimento momentáneo, una pequeña diablura subida de tono, y quizás por eso resulte algo injusto exigirle al tebeo la misma profundidad dramática y el mismo calado emocional de anteriores propuestas. Pero no es menos cierto que “Los melones de la ira” no pasa de ser una anecdótica fábula, nada sutil y escasamente excitante, sobre lo perverso que puede ser el comportamiento del hombre moderno ante una apetecible joven desvalida. En el fondo, tal vez lo único que Vivès deseaba era una excusa para dar rienda suelta a una de sus filias sexuales más evidentes.

Sólo recomendado, en fin, para completistas del parisino sin problemas de liquidez.