lunes, enero 18, 2010

El día en que casi entendí "Los Invisibles"

Desde hacía unos años, servidor tenía una cuenta pendiente con el (casi siempre) genial guionista de comics Grant Morrison: releer de un tirón “Los Invisibles”, su obra más compleja y personal.

Cuando se publicó por primera vez en nuestro país, “Los Invisibles” fue saliendo primero en miniseries en formato prestigio (de la mano de Norma Editorial) y luego en gruesos tomos recopilatorios espaciados a lo largo de varios años (que coincidieron con el cambio de derechos de DC Comics y su sello Vertigo en favor de Planeta de Agostini). Fue una edición errática, sin apenas continuidad temporal (creo recordar que hubo parones de hasta más de un año entre tomo y tomo), que en mi caso lastró irrevocablemente la experiencia de enfrentarse al mayor desafío intelectual/existencial pergeñado por el escocés lisérgico hasta la fecha.

De todo ello se deduce que cuando leí “Los Invisibles” por primera vez, al ritmo que imponían sus avatares editoriales, no me enteré de prácticamente nada. Y es también por ello que, aprovechando las pasadas vacaciones navideñas en tierras gallegas, decidí ventilarme toda la serie de un tirón, en apenas un par de semanas, intentando interconectar todos sus devaneos argumentales como buenamente pudiese.


Poniéndonos en situación: “Los Invisibles” comienza con un conflictivo adolescente de Liverpool llamado Dane McGowan que es ingresado en un centro correccional experimental, Harmony House, tras prenderle fuego a su instituto y propinarle una paliza a su profesor de historia. A punto de ser lobotomizado y castrado por el personal docente del centro, Dane es rescatado por King Mob, líder de una célula terrorista que combate por la libertad intelectual y espiritual de la raza humana. Tras abandonar Harmony House, Dane comenzará, sin saberlo, su condicionamiento mental de cara a formar parte de Los Invisibles, un ejército en constante lucha contra la Iglesia Exterior, un poder primigenio ultradimensional que gobierna el mundo y oprime la autonomía y el espíritu creativo de la raza humana desde hace eones.

Dicho así, puede que el argumento de “Los Invisibles” parezca sencillo. No obstante, esto es sólo el andamiaje sobre el que Grant Morrison construye una suerte de obsesivo entramado ultrarreferencial en el que tienen cabida todas (y cuando digo todas son todas) sus obsesiones: ufología, magia del caos, orientalismo, drogas, psicodelia setentera, porno interdimensional, viajes en el tiempo, metalenguaje, terror lovecraftiano, paranoias orwellianas, drogas, vudú y chamanismo pre-colombino, budismo, hinduismo, cristianismo y satanismo, filosofía, ciencia-ficción alla Phillip K. Dick o J.G. Ballard, drogas, el concepto de hiperrealidad enunciado por Baudrillard, sadismo (y también el mismísimo Marqués de Sade como miembro de la Universidad Invisible), nanotecnología, física cuántica, drogas, super-héroes pulp y pelis de James Bond, todas las conspiraciones gubernamentales que uno pueda imaginarse (desde Roswell hasta la muerte de Lady Di) y un montón de sexo, drogas y rock’n’roll. ¿He dicho drogas? Porque hay muuuuchas drogas...


Por supuesto, todos estos temas podrían exponerse de una manera directa y (digamos) asequible para un lector medianamente despierto, pero lo cierto es que Morrison no está por la labor de poner las cosas precisamente fáciles. Por momentos, “Los Invisibles” ofrece una idea bastante aproximada de lo que podría haber sido “The Matrix” si la hubiese escrito William S. Burroughs y David Lynch la hubiese producido y dirigido como una serie de televisión de tres temporadas para la HBO.

Así pues, adentrarse en el estrambótico universo de King Mob (A.K.A. Gideon Stargrave, A.K.A. Kirk Morrison, A.K.A. el propio Grant Morrison en versión meta-ficticia) conlleva asumir desde un buen principio tres cosas:

1) Hay que estar muy atento a todo lo que en sus páginas se narra. Una viñeta, un diálogo o una referencia velada presente en el número 20 del volumen 1 puede ser totalmente imprescindible para comprender algo que tendrá lugar en el número 7 del volumen 3. O peor, al revés.


2) “Los Invisibles” no es una serie que pueda ser entendida al 100% de una forma literal. Si acaso, es una serie que puede ser intuida en un porcentaje bastante elevado de su totalidad.


3) Grant Morrison está como una puta regadera (pero de una forma rematadamente cool), lo que hará que en más de un momento las palabras “¿pero de qué cojones estás hablando?” se te columpien en la punta de la lengua.


Con todo, debo reconocer que esta relectura integral de “Los Invisibles” me ha hecho disfrutar una jodida barbaridad, y que ya estoy deseando volver a devorar sus 59 episodios otra vez más (aunque eso será después de que "El Asco", otro de los célebres desvaríos morrisonianos, tenga su segunda oportunidad). Además de haber atado un sinfín de cabos sueltos que en un primer momento habían escapado totalmente a mi radar, esta revisión me ha inculcado una sanísima curiosidad por rastrear sus cientos de referencias (tanto explícitas como implícitas) que con el tiempo enriquecerán, estoy seguro, mi valoración personal del trabajo de Morrison.

En el lado negativo (no todo podía ser bueno), es inevitable destacar la mediocridad de la plasmación visual y narrativa de la obra. Salvo honrosas excepciones (nombres como Frank Quitely, Sean Phillips o, por momentos, Phil Jiménez), la parte gráfica de “Los Invisibles” no deja de ser puramente funcional, sin aportar ese plus de creatividad y virtuosismo que una historia como la relatada sin duda exigía (me imagino esta serie dibujada en su totalidad por J.H.Williams III y me entran poluciones diurnas). Es por ello que, en una escala del 1 al 10 y a tenor de sus desmedidas pretensiones, “Los Invisibles” se revela como una obra que aspira a un 13 y se queda en un 8’5. Un notable alto, sí, pero quizás una calificación insuficiente para la obra que, en teoría, estaba destinada a abrir de par en par las puertas de nuestra percepción.

Pese a ello, sigue siendo uno de los tebeos más recomendables del fondo editorial del sello Vertigo y una de las 3 ó 4 mejores historias jamás escritas por Grant Morrison. Que no es moco de pavo.


(Ahora bien: yo sigo sin tener ni puta idea de qué son o qué representan El Arlequinado y el jugador de ajedrez. En fin…)

6 comentarios:

charlie furilo dijo...

Morrison está como una puta regadera, y viendo lo que dices (¿de qué cojones está hablando este tío?) y comentarios del mismo palo que he oído por ahí, pues que me da bastante miedito leer esta serie. Si la dibujara Quitely, ni me lo pensaba, jejeje...

Jero dijo...

Supongo que "Los Invisibles" es un material demasiado delicado como para recomendar a la ligera. Si lo que te gusta de Morrison son sus obras mainstream ("New X-Men", "JLA", "All-Star Superman") pero no tragas su lado psicodélico ("Animal man", "Doom Patrol" o "El asco") entonces no te recomiendo esta serie. Si, por el contrario, no te amilanas ante sus desvaríos y paranoias, éste es tu tebeo... Por norma general el dibujo no es nada del otro mundo, aunque está claro que el gran valor de esta serie reside en su concepción y su guión.

Timón dijo...

No he leído esta serie.
Dices que la calidad gráfica es flojilla. Es algo que me hecha para atrás, me desesperan cambios de dibujantes en un mismo guión (cómo sufrí de cría cuando Alan Davis abandonó por una temporada demasiado larga a Excalibur)...
¿los dibujos que cuelgas en los 3 pasos a seguir, son viñetas interiores o portadas?

Cuando hablas de desvaríos y lisergias, ¿son tipo Jodorowsky-Incal?

Me dejas con dudas y con curiosidad (eso es bueno)

Un saludo!

Jero dijo...

Timón: la calidad gráfica de "Los Invisibles" es irregular: aunque hay números dibujados por buenos artistas (Frank Quitely, Sean Phillips), la mayoría son simplemente cumplidores. De todos modos yo a lo que me refería no es tanto al estilo visual de cada dibujante como a su experimentación formal y a los recursos narrativos que despliega. Una serie como "Los Invisibles", tan transgresora en su planteamiento argumental, debería verse correspondida con una narración gráfica igualmente arriesgada y rupturista, que buscase composiciones de página innovadoras (por eso citaba en la reseña a J.H.Williams III, que en "Promethea" o "Los siete soldados de la victoria" consigue estar a la altura de las visionarias propuestas argumentales de Moore y el propio Morrison). En "Los Invisibles" toda la experimentación proviene del guión y no del dibujo.

Por otro lado, todas las imágenes que aparecen en mi reseña corresponden a portadas de la serie, las dos primeras a cargo de Sean Phillips y las siguientes obra de Brian Bolland. El primer dibujo es un retrato de Grant Morrison que, aunque no tiene firma, parece dibujado (o al menos a mí me lo parece) por Darick Robertson.

Personalmente no encuentro muchos puntos en común entre "Los Invisibles" y el trabajo de Jodorowsky, salvo el gusto por el misticismo y la magia (Morrison es practicante de la Chaos Magick y Jodo se considera a sí mismo psicomago y experto en el tarot). Literariamente, el primero me parece más postmoderno y el segundo más surrealista/simbolista. Estableciendo un símil cinematográfico, en mi opinión Jodo sería más próximo a Luis Buñuel y Morrison a David Lynch (o incluso David Cronenberg).

No sé si estas aclaraciones te servirán de mucho: la verdad es que uno no sabe si le gustan "Los Invisibles" hasta que los lee...

Por cierto: a mí también me irritan los cambios de dibujante en una serie. Supongo que, en parte, por eso cada vez compro más tebeo de autor y menos colecciones regulares americanas.

Timón dijo...

Guau! Da gusto leerte. Vaya control!
Y sí, supongo que hasta que no lo caiga en mis manos no sabré si me gusta, porque adoro a Buñuel, pero Lynch me encanta, jeje
Un saludo y gracias por tu tiempo y la clase sobre comic. El vicio me lleva a menudo (cada vez que cobro un sueldo), a mi tienda de comics favorita sin saber que comprar, me alegro de tener nuevas referencias.
Un saludo!

Jero dijo...

A ver si próximamente me pongo más las pilas con las reseñas de comic, que tengo un montón de regalados navideños pendientes de leer. De hecho creo que no voy a poder hacer mi top 2009 al menos hasta febrero o marzo :S

Y gracias a ti por leerme y comentar, por supuesto ;)